Elucubraciones ambientales

JAIRO                                                   Federico Paredes  paredesfederico@gmail.com  3 junio 2013

 

La muerte de este ecologista limonense, defensor de las tortugas marinas, ha causado sin duda, consternación en los medios ambientales, asombro dentro de la ciudadanía consciente e indiferencia entre aquella parte de la población que no entiende o no quiere entender la trama de la vida. Este valiente joven sabía sobre el peligro que corría su vida y la de sus colegas de lucha en el Caribe costarricense. Lamentablemente no será ésta la primera muerte de esta naturaleza en nuestro país y probablemente tampoco la última. Ya en diciembre de 1994, otro joven universitario, miembro fundador de la antigua Asociación Ecologista Costarricense (AECo), Oscar Fallas, había fallecido en circunstancias extrañas en un incendio de la casa en Guadalupe donde se encontraba con otros congéneres luchadores. Nunca se supo el origen de dicho siniestro, pero fue muy sospechoso. Jairo se inclinó desde niño, con su amor por las tortugas, a proteger estos quelonios y a demostrar que cuando se quiere luchar por algo, nada amedrenta a estos defensores de los recursos vivos. Es realmente muy lamentable esta pérdida, que no debe de pasar desapercibida, o como un mero dato más de la violencia que cobija el Caribe costarricense, con la droga, los asaltos a hoteles de montaña o simplemente a muertes por cobro de cuentas. No debe de engrosar tampoco las estadísticas de muertes por asesinatos o peor aún, quedar impune. Tan necesaria es la protección a la ciudadanía, como la defensa de la flora y fauna de este país, que se ha preciado de ser un adalid en la conservación de los recursos bióticos y el paisajismo natural.

Existe otro sonado caso a nivel internacional que sucedió en las selvas amazónicas, cuando el trabajador de la extracción del caucho (Hevea brasiliensis), Francisco Alves Mendes Filho, mejor conocido como Chico Mendes, fue asesinado por defender esas selvas de la inminente expansión ganadera y la deforestación inmisericorde, que dicho sea de paso, no se ha detenido. Chico Mendes había nacido en diciembre de 1944 y murió en un diciembre de 1988. Por su gran activismo ambiental se hizo acreedor del Premio Global 500 de las Naciones Unidas y de la Medalla por el Medio Ambiente, otorgada por la organización Better World Society, ambos galardones recibidos en 1987, es decir, el año anterior a su vil asesinato. El grupo brasileño “Tortura Nunca Más” constituyó la Medalla “Chico Mendes de la Resistencia” en 1989.  Durante su gobierno, el Presidente Lula decidió nombrar a la compañera de luchas de Chico: Marina Silva, como Ministra de Medio Ambiente. Algo similar tenemos que hacer en Costa Rica para honrar las meritorias acciones de nuestros ecologistas destacados. Deberíamos de recoger firmas para apoyar la constitución de la Medalla Jairo Mora al Mérito por la Defensa del Medio Ambiente. Esta sería una linda forma de honrar su memoria y sin duda, un gran halago para la doliente familia y sus seres más cercanos. Ignoro cuál debería ser el procedimiento para hacerlo pero ya es hora de que si no es el MINAE o alguna organización defensora de los recursos naturales, sea un conglomerado de estas entidades la que establezca las bases para otorgar este galardón, la periodicidad y las condiciones para postular a los candidatos. La muerte de Jairo no debe de quedar en el olvido. Como lo dice su apellido, ahora este joven Mora en paz, pero su vida, su ejemplo deben servir de acicate para quienes hemos creído que vale la pena luchar por dejar este mundo mejor de cómo lo encontramos. Aquí elegimos cuanta “Miss” se nos antoje y sobran las “modelos”, pero ¿Qué estamos haciendo para destacar el meritorio trabajo de aquellos ciudadanos que dan –literalmente- su vida por defender la biota costarricense? ¿No parece un contrasentido? ¿O será que es más redituable elegir lindas representantes de la belleza tica y no tanto destacar la tesonera labor de los genuinos ecologistas? Señores, estamos pasando del mero romanticismo ambiental, a la cruda realidad de que hay quienes ya han muerto por defender tortugas, bosques o tiburones. Es hora de seguir levantando la bandera del ecologismo y no de la claudicación en materia del medio ambiente. Todavía queda mucho por hacer. Jairo: Tu ejemplo vive; descansa en paz!

Elucubraciones ambientales

Gravar el plástico… o disminuir su uso.   Federico Paredes V. paredesfederico@gmail.com 20/8/15

En esta segunda quincena de agosto, el Gobierno ha anunciado que tiene toda la intención de colocar un impuesto a los recipientes plásticos (botellas) de 250 ml no retornables con diez colones (¢10,00) lo que sería el primer “impuesto verde” en Costa Rica. Asoma de inmediato la pregunta ¿Es para colectar más fondos o para desestimular el uso de recipientes con este material? Cualquiera que sea la razón, lo cierto es que los empresarios de la industria plástica representados por ACIPLAST –Asociación Costarricense de la Industria Plástica- simplemente han hecho una mueca de desagrado ante esta intención, como en su momento lo hicieron los industriales del tabaco cuando se estaba por aprobar la nueva Ley para el Control del Tabaco y todo lo que ello implicaba.

El plástico es un material muy útil, versátil y es casi como un símbolo de nuestros tiempos. Quizás su mayor representación en nuestra sociedad esté en las bolsas de polietileno que sustituyeron de forma prácticamente masiva, a las de papel tipo “kraft”. Cuando de niños íbamos a la pulpería a comprar una libra de arroz, dos de azúcar o tres de frijoles, nos las empacaban en bolsas de papel. Ambientalmente hablando, la ventaja con las de papel es que son rápidamente biodegradables en el tanto que las de plástico –salvo que sean OXO- requieren largo tiempo para su desintegración.

Nuestra famosa cooperativa láctea, daba un servicio a domicilio con las botellas de leche, todos los días, pero éstas eran de vidrio; hoy es casi imposible adquirir este producto en botellas de vidrio. Ciertamente venden la leche en botellas de plástico, pero además, introdujeron en el mercado, las cajas de cartón multicapa, mejor conocidas como “tetrabrik” por aquello de estar constituidas por cuatro capas de materiales: parafina, cartón, plástico y aluminio, constitución que les da “larga vida”, sin refrigeración. Nadie pone en tela de duda lo útiles que son estas cajitas.

Dependiendo el tipo de plástico (puede ser PET, HDPE o de otra estructura), así será su posibilidad de reuso o de reciclaje por medio de “pellets” el problema está en no darle ese uso posterior y lanzar donde quiera botellas y envases de plástico de todo tipo. Los tecnólogos de alimentos nos podrían decir que la conservación de un alimento (sólido o líquido) estará mejor en un envase de vidrio que en uno de plástico. Otros verán que en términos de seguridad, el vidrio podría conservar mejor los alimentos pero si se quiebran, representan un alto poder de peligro para quien los manipula.

En esta dialéctica no se trata de satanizar a unos y bendecir a los otros…se trata de derivar las mejores ventajas de unos y de otros. Ambos tienen pros y contras. Una botella plástica de un litro o similar contenido, si no es retornable, representará una carga ambiental enorme al no procesarse adecuadamente. Algunas industrias locales que venden siropes o refrescos gasificados, usan las botellitas de 500 ml para embotellar sus productos, con lo cual le están alargando la vida a esos envases  -cosa que está bien-. Se ha dicho que una botella plástica PET puede aguantar unas 40 veces que se les use y reutilice, luego perderán su estructura y solidez molecular con lo cual darán paso a la fractura o rompimiento de su tejido polietilénico y dejará de ser útil.

Los cambios de actitud ante problemas como el que plantea el plástico, podrían ser muy útiles para ir rompiendo esquemas de vida que nos han llevado al sitio donde estamos: inundados de materiales plásticos sin atinar como darles un tratamiento racional y técnicamente viable.

Un noticiario de televisión mostró la triste situación que pasó una tortuga marina que se tragó una pajilla de plástico y luego al querer expulsarla ésta se introdujo por sus fosas olfativas y ahí se atoró; afortunadamente para ella, samaritanos ambientalistas la rescataron y lograron sacarle con una pinza ese extraño objeto de su nariz. El quelonio pudo haber muerto por esta obstrucción.

Tenemos que aprender a cargar nuestras propias bolsas (de tela o de polietileno más sólido) cuando vayamos de compras, para bajar el uso de estos empaques. Algunos supermercados de manera unilateral han decidido no dar más bolsas plásticas y ponen a disposición del consumidor, cajas de cartón para empacar las compras. En otros expendios Ud. compra un bollo de pan largo o cuadrado que viene con su propia bolsa y terminan empacándoselo ¡en otra bolsa plástica! Algo totalmente innecesario.

Deberíamos de inventar una  consigna que diga algo así como: “No más plásticos a los ríos ni al mar”. Si lográramos bajar los depósitos de plástico a los cuerpos de agua, estaríamos ganando mucho y nos sentiríamos mucho más satisfechos con esta contribución.